Las subvenciones globales transforman buenas ideas en fantásticos proyectos sostenibles

En la provincia de Esmeraldas (Ecuador), los socios de Rotary han unido esfuerzos con una organización microfinanciera para otorgar pequeños préstamos a mujeres de escasos recursos, proporcionándoles, de paso, capacitación en costura y repostería a fin de que inicien o amplíen sus propios negocios.

El Club Rotario de Marin Evening (California, EE.UU.), trabajó junto con 64 clubes rotarios de siete distritos, entre ellos los de Ecuador, para ayudarlos a captar fondos, buscar socios colaboradores y movilizar a la comunidad local para emprender un .

Keith Axtell, socio del Club Rotario de Marin Evening, cuenta que la iniciativa comenzó en 2005-2006, cuando su esposa Holly fue gobernadora de distrito y estaba interesada en llevar a cabo un proyecto internacional, en el cual podrían participar los clubes sin tener que hacer mucho papeleo. Los Axtell y un grupo de líderes distritales viajaron a Ecuador para explorar algunos proyectos, entre los cuales se encontraba uno que el Club Rotario de Guayaquil estaba implementando junto con una organización de microcrédito, para hacer pequeños préstamos con los fondos que habían recaudado.

«Fuimos a visitar el proyecto con rotarios de varios clubes de nuestro distrito, y quedaron encantado con éste, afirma Axtell». Empezamos con una Subvención Compartida, y la respuesta fue abrumadora. Todos querían colaborar, así que seguimos con los proyectos».

Puesto que con el tiempo, la operación de microfinanzas de Guayaquil llegó a ser autosostenible, el club de los Axtell buscó un nuevo socio: el Club Rotario de Quito Occidente, con el cual presentaron una  para un proyecto de microcrédito.

Mediante una búsqueda en internet, Axtell encontró , organización microfinanciera que sigue el exitoso modelo de préstamos del Banco Grameen de Bangladesh.

«Queríamos una organización concentrada en los más pobres, que trabajase con créditos colectivos y que la gente se avalase mutuamente. Puesto que eran los únicos en la zona que ofrecían este tipo de programa, decidimos trabajar con ellos», explica.

El director de FUDECE les sugirió que implementaran el proyecto en la provincia de Esmeraldas en vez de Quito, porque la gente en esa zona era aún más pobre, y no contaba con ningún banco que pudiera ayudar a los residentes a ampliar sus negocios con sus escasos recursos.

Al reunirse el comité del proyecto con los miembros de la comunidad para evaluar las necesidades y solicitar una Subvención Global, surgió que los residentes estaban interesados en recibir clases de costura y repostería.

Los líderes del proyecto en California participaron en Conferencias de distrito y visitaron clubes hasta en Montana, logrando así recaudar US$ 107.000 en efectivo y fondos distritales, los cuales usaron para  de Rotary.

«No somos tímidos, y no nos amilanamos para pedir ayuda. Como este proyecto fue de mayor envergadura, realmente nos jugamos el todo por el todo», acota Axtell.

Aunque la mayor parte de la Subvención Global, que incluye un aporte de US$ 75.000 de La Fundación Rotaria, se ha destinado para los microcréditos, también se han adquirido máquinas de coser y equipo de panadería para el centro de formación que establecieran el club de Quito y FUDECE, para brindar capacitación profesional a los beneficiarios de los préstamos y enseñarles prácticas comerciales elementales. Los socios del club de Quito hacen las veces de instructores, junto con capacitadores contratados por un organismo gubernamental y contratistas privados.

FUDECE organiza los préstamos colectivos, además de supervisar y asesorar a la cooperativa que gestiona los ahorros y préstamos y selecciona a los beneficiarios.

«Francamente, estoy convencido de que los microcréditos son el vehículo más efectivo para ayudar a los demás. De esta manera, Rotary no solo contribuye a mejorar las condiciones económicas de las personas, sino también las ayuda a valerse por sí mismas. No se trata de una limosna, sino de un compromiso que deben cumplir», explica Axtell.

Axtell narra el caso de una mujer que conoció en una de sus visitas, que había comenzado un negocio con una antigua máquina de coser a mano. Con su primer préstamo, compró una máquina de coser eléctrica, pudiendo así aumentar y mejorar su producción. Con un segundo préstamo, adquirió otra máquina y contrató a un socio. Con el tiempo, pudo diversificar sus productos y comprar equipos especializados de confección y una máquina para cueros.

«Hoy por hoy, es la propietaria de una próspera pequeña empresa», dice Axtell. «Lo que me impresionó fue lo orgullosas que se sienten las mujeres de sus logros. La lección recogida fue que mediante este programa dejaron de ser víctimas de la pobreza y se han convertido en parte de la solución. Hemos visto casos en que al adoptar estas prácticas, luego empiezan a concentrarse en los problemas de sus propias comunidades».


Noticias de Rotary

8-May-2015